Curiosidades y leyendas de Zaragoza

Zaragoza tiene dos mil años de historia y un anecdotario denso. Estas son las historias que más se cuentan y que conviene conocer antes de pasear por el centro.

Las bombas del Pilar

Durante la Guerra Civil, varias bombas cayeron sobre la basílica y no llegaron a explotar. Dos de ellas se conservan expuestas en el interior del templo, colgadas en un lateral.

Para los devotos fue un milagro; para los artificieros, un fallo de espoleta. La ciudad ha convivido con ambas lecturas sin mayor problema y las bombas siguen ahí, a la vista de todos.

La Torre Nueva que ya no existe

Zaragoza tuvo su propia torre inclinada. La Torre Nueva era una torre mudéjar del siglo XVI que se desviaba visiblemente de la vertical y que fue durante siglos uno de los símbolos de la ciudad.

Fue demolida en 1892 alegando riesgo de derrumbe, en una decisión que generó una fuerte contestación entonces y que hoy se considera uno de los grandes errores patrimoniales de la ciudad. La plaza conserva su nombre.

Los Sitios de Zaragoza

Entre 1808 y 1809, la ciudad resistió dos asedios de las tropas napoleónicas con una tenacidad que impresionó a la Europa de la época. La resistencia se libró casa por casa y dejó la ciudad devastada.

De ahí surgió la figura de Agustina de Aragón, que según la tradición disparó un cañón en el Portillo cuando los artilleros habían caído. La ciudad conserva monumentos, nombres de calle y un museo dedicado al episodio.

El nombre del Tubo

La zona de tapeo debe su apodo a lo estrecho y encajonado de sus callejas, un entramado angosto donde el sonido rebota y la gente se agolpa. El nombre no es oficial, pero no lo llama nadie de otra forma.

Cómo recorrerlo, en la ruta de tapas.

El cierzo

El viento del noroeste es casi un personaje más de la ciudad. Seco, frío y persistente, ha entrado en el refranero, en los apodos y en la literatura local. Limpia el aire y baja la sensación térmica de forma brutal.

El dicho de San Valero —rosconero y ventolero— lo resume en dos palabras.

Goya está en el techo

Mucha gente entra en la basílica del Pilar sin saber que parte de lo que está mirando es obra de Goya. Pintó cúpulas del templo, entre ellas el Regina Martyrum, y su carrera arrancó precisamente con encargos zaragozanos.

Nació en Fuendetodos, a cuarenta kilómetros de la ciudad, donde se conserva su casa natal.

Una ciudad de cuatro culturas

Zaragoza fue romana, musulmana, judía y cristiana, y las cuatro dejaron huella en el mismo kilómetro cuadrado: el foro romano bajo la plaza, la Aljafería taifal, la judería del casco y las dos catedrales. Pocas ciudades permiten recorrer eso andando.

El recorrido, en el itinerario de fin de semana.